viernes, 27 de junio de 2014

¿Cómo se manifiestan las experiencias místicas en nuestro cerebro?

La neuroteología se refiere al estudio neurológico de experiencias religiosas y espirituales. ¿Qué nos dice nuestro cerebro durante las vivencias místicas? 



Originalmente unidas, la ciencia y la espiritualidad fueron separadas hace siglos dentro de la cosmología occidental. Y las consecuencias de este fenómeno han quedado impresas en la manera en la que nos narramos la realidad. Por ejemplo la desacralización de las cosas, de lo cotidiano, algo con lo cual nos relacionamos a partir de leyes, hipótesis, silogismos, tratando de desentrañar su sentido, y relegando el ritual o la intuición a un plano secundario. 


Pero más allá de lamentar esta perspectiva, en la cual nos guste o no nos encontramos, al menos socioculturalmente, inmersos, podríamos percibirla como una especie de iniciación autoimpuesta (y entonces ya estaríamos en franco proceso de re-encantar nuestra realidad). 

En décadas recientes la potencial síntesis entre ciencia y misticismo, entre razón y magia, se ha fortalecido nuevamente. Aquí podemos rememorar múltiples episodios, desde los puentes entretejidos por Jung entre arte y medicina, pasajes que circundan la estética racional del espíritu, hasta los diálogos entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti, pasando por el Tao de la Física y "el sentido místico de la ciencia", advertido Fritjof Capra, o los entonces vanguardistas experimentos de Don Jacobo Grinberg. Además, con la popularidad que han adquirido un par de respectivos embajadores de cada frente, por un lado la neurociencia, y del otro, la meditación, esta nueva bonanza sintética ha alcanzado emocionantes alturas. 

La neuroteología se refiere, básicamente, al estudio neurológico de experiencias religiosas y espirituales. Es decir, tratar de entender qué es lo que sucede en nuestro cerebro al momento de experimentar este tipo de vivencias. El Dr. Andrew Newberg, uno de los pioneros de este campo científico, lleva un par de décadas investigando el tema, lo cual ha incluido el análisis de escáners cerebrales de monjas católicas, ateos, mediums, monjes budistas y otros. Este trabajo ha arrojado resultados que, si bien aún no son concluyentes, abren otras rutas de entendimiento de nuestra percepción, y enriquecen el debate entre la naturaleza objetiva o subjetiva de la realidad. 



Entre los 'descubrimiento' más llamativos de Newberg, tenemos, por ejemplo, el haber constatado que durante sus trances psicográficos, los mediums brasileños que aseguran canalizar comunicación proveniente de espíritus, registran una disminución de actividad en sus lóbulos frontales, región donde se gesta la construcción y expresión del lenguaje, y en cambio se intensifica en su tálamo, zona que regula el flujo de información sensorial. Lo anterior sugiere que en realidad podrían estar recibiendo data de 'otro lugar', o al menos que la proyección de esta dinámica es suficientemente fuerte como para que se manifieste en un plano neuronal. Otro fenómeno interesante es la experiencia de disolver la individualidad para fundirte con un todo, la cual reportan miles de personas tras ciertas meditaciones. En este caso Newberg notó que durante la meditación se disminuye la actividad en los lóbulos parietales, región encargada de trazar las líneas perceptivas entre el mediador y el exterior, entre el observador y lo observado. 

Decodificar el misticismo desde el tablero de juego que la ciencia ha forjado en los últimos seis o siete siglos no es tarea fácil. Mucho menos cuando durante una buena parte de esta cronología el espíritu científico (valga la paradoja) se empeñó por desacreditar cualquier narrativa metafísica, al sentirse amenazado frente a un universo que, supuestamente, elude sus principios fundamentales. El propio Newberg, como representante del credo científico debe haber pasado malos ratos explorando las fronteras entre uno y otro reinos, como lo expresa en esta declaración recogida por The Atlantic.

Regresando a la metáfora de la iniciación, estamos frente a un camino fascinante a través del cual la ciencia, como representante de la mente, debe encontrar el protocolo necesario para auto-hackearse y entonces consagrar una nueva comunión, o reunirse, con el "otro" sendero, el del espíritu. Y cuando lo haga, por que en lo personal creo que, inminentemente, así sucederá, la unión será experimentada aún con más fuerza que antes de que ocurriera la fragmentación (o no, pero tampoco importa).

Fuente
Opinión

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