lunes, 28 de abril de 2014

Amarse a uno mismo


Tú eres el protagonista de tu propia vida, puede ser que todavía no lo sepas, que nunca lo hayas pensado, que aún no te hayas dado cuenta, pero eres el protagonista de tu propia vida.

Es cierto, no eres el único actor, la historia, la historia sería demasiado aburrida si lo fueras, pero eres el protagonista, el director de la trama, aquel de quién dependen en última instancia todas tus cosas, aunque no eres autosuficiente, aunque no te bastas a ti mismo, eres responsable de todo lo que sucede contigo, en más… o en menos, eres el responsable para siempre de tu propia vida.


Auto-depender, significa dejar de colgarte del cuello de otros, claro que necesitaras el ayuda de aquellos en algún momento, pero mientras tú tengas la llave, esté la puerta cerrada o abierta, mientras TÚ tengas la llave. Nunca, nunca estarás encerrado.

Auto-depender, significa hacerte cargo de ti mismo.

Auto-dependencia significa contestarse las tres preguntas existenciales básicas, ¿Quién Soy? ¿A dónde voy? ¿Y con quién?… Pero contestarlas en ese orden, ¡cuidado! Con tratar de decidir a dónde voy, según con quién estoy, ¡Cuidado con definir quién soy! A partir de quién me acompaña.  No puedo definir mi camino desde ver el tuyo, y no debo definirme a mí, por el camino que estoy recorriendo.

Voy a tener que darme cuenta, Soy Yo el que debe definir primero, ¿Quién soy?.

Eres tú, el que definirá primero, ¿Quién eres?. Eres tú, el que decidirá primero, cuál es tú camino, recién entonces, será hora de preguntarse, ¿Quién te acompaña?, será hora de preguntarse ¿Qué haces para no perder el rumbo?,  será hora de que empieces a preguntarte, hacia dónde te diriges, será hora de qué decidas, ¿Qué harás? Para que otros encuentren el propio camino.

Dice el poeta León Felipe, ¿Quién soy?, eh ahí una buena pregunta para hacérsela al hombre por la tarde, ¿Quién soy?, y no solemos hacernos esa pregunta, y vivimos preguntándoles a otros, quienes somos, si estamos bien vestidos, si nos sienta bien tal color, si nos queda bien aquel peinado, si estuvo bien aquello que dijimos, si fue apropiado aquello que callamos, estamos demasiado acostumbrados a cederle nuestros ojos a los demás, para que los demás nos miren, y nos digan cual es nuestro propio criterio, como si fuéramos niños, como si todavía fuéramos niños. Quizás sea, porque de alguna manera… de alguna manera, lo somos.

John Bracho trabajó muchísimos años tratando de enseñarnos que existe en nosotros aquel niño que una vez fuimos, nos enseñó de la mano…….


Por Jorge Bucay
Opinión

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