martes, 25 de febrero de 2014

Contacto con la realidad

Uno de los retos internos más interesantes que conoce el ser humano es el contacto con la realidad. Dejar de un lado los filtros mentales que limitan la conciencia y encontrarse con el entorno sin juicios ni pautas preconcebidas. Quedar abierto a la experiencia y apreciar la diversidad de la vida respondiendo a ella con ligereza, aprendiendo a vivir de una manera más significativa, flexible y disfrutable.


Uno de los beneficios de la meditación es el silencio interno. Desde este silencio se puede acceder al entorno de una manera que permite vivir una revolucionaria experiencia interior.

Muchas veces el contenido de la vida nos atrapa. Nos metemos en el entorno  y los árboles nos impiden ver el bosque y más allá.

Mirar la realidad desde adentro, darse cuenta de la unicidad que existe entre el observador y lo observado: Darse cuenta de que la realidad que percibes no existe si no estás tú y que, por tanto, la creas, la significas, estableces relaciones mentales entre las partes… Y que a su vez, por esto mismo lo que vemos es nuestro reflejo.

Una de las cosas que hace adorable a los niños es su manera de acercarse a la realidad. Están dispuestos a conocer el mundo desde cero, están abiertos y con ganas de entender cómo es la vida. Conforme crecemos nos vamos consolidando. Se nos conforma el carácter y tendemos a fundamentarnos en alguna manera de ver el mundo (muchas veces la que sea acorde al entorno en el que estemos a cada rato). El reto del adulto es la vuelta al origen conscientemente. Volver a abrirse a la realidad y al cambio como una oportunidad para seguir aprendiendo. Poder dejar de lado lo aprendido para ver si tiene sentido en las nuevas circunstancias. Lo importante no es lo que hemos aprendido, sino la capacidad para seguir aprendiendo, de adaptarnos a los nuevos tiempos y de transformar la realidad.

Entrar en el silencio facilita todos estos procesos.

Para ello, proponemos la siguiente meditación.

Durante los primeros momentos respirar profundamente para tomar contacto con las sensaciones del cuerpo, y dar comienzo a la meditación. Después, poco a poco tomar contacto con la respiración y la entrada y salida del aire por la nariz mientras nos hacemos conscientes de las sensaciones del cuerpo. Al tiempo, podemos contar tres o cuatro segundos al inspirar, tres o cuatro de retención del aire al lleno, tres o cuatro al espirar y tres o cuatro segundos de retención al vacío.

Si notamos que hay demasiado jaleo interno que se manifiesta a través de voces, para calmarlos se puede hacer el gesto interno de respirar como si en las orejas tuviéramos dos grandes platos justo detrás de ellas, y al inspirar y espirar, subimos y bajamos por ellos como por un hilo que atravesara el plato en la vertical. Los platos, mejor que estén hacia afuera, aunque es mejor ir probando para ver cómo le funciona mejor a cada uno.

Conforme vayamos calmando los procesos mentales, realizar una percepción desde adentro. Es decir, percibir la sensación de la piel, la respiración, los pensamientos, como si vinieran desde un punto de conciencia situado detrás de la frente, entre los ojos.

Una vez ahí, estar atentos al sonido interno, a la pantalla mental y, de vez en cuando, introducir la orden de “vuelta al origen”, a la sensación de integración y conexión con el ser abierto que tenemos cuando somos niños. Se trata de una sensación de reencuentro con uno mismo. En este proceso, seguimos atentos a la sensación de energía de la piel, la pantalla mental de los ojos y el sonido interno.

Llegados a este punto, podemos conectar con la sensación de descenso de la energía desde la fontanela. Una sensación de energía que conecta el cuerpo con los centros superiores. Así, podemos subir el punto de percepción desde detrás de la frente a encima de la fontanela (también llamado octavo chacra), mientras seguimos atentos a la sensación de la piel y el sonido interior.

Desde esta perspectiva, podemos relajarnos e ir cayendo en un estado de trance consciente plenamente conectado con la sensación energía circundante del cuerpo, el sonido interior y la pantalla mental.

Fuente
Opinión

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