viernes, 8 de febrero de 2013

El Sol como fuente de energía. El sol nos alimenta.


El sol es un modelo interesante, precisamente porque no es una persona, una figura en la que podamos proyectar al padre o a la madre de forma neurótica, aunque al final, de todo somos capaces si nos da por crearlo desde el poder que nuestra capacidad de imaginar nos regala. En realidad, el sol ya fue un modelo para nuestros ancestros, porque sabían que se trataba de un ser consciente muy poderoso. Un bello espejo en el que reflejarse. A pesar de ello, también muchos lo adoraron como adoramos hoy a dioses, extraterrestres, a la ciencia, a maestros de cualquier cosa, a médicos, a sistemas económicos o bancarios, a estrellas de pop y de rock, a futbolistas... Nos encanta adorar lo externo, lo que creemos que está por encima de nosotros. Necesitamos adorar a lo superior porque está en nuestro programa ser inferiores, nos guste o no. Me refiero al programa heredado, no al esencial, que es pura sabiduría. Esa es la gracia del juego. Desprogramarse de los programas heredados que nos limitan, que no nos permiten ser nosotros mismos desde la esencia, encarnando el Cielo que llevamos dentro en la Tierra que hemos venido a experimentar. Estamos rompiendo programas ahora más que nunca y el sol nos ayuda a recordarnos de otra manera, más libres, más auténticos e integrales. El sol nos despierta de una larga amnesia, filtrando el nuevo software que  nos manda desde el centro de la galaxia el otro sol, el de Alcyón. Nos recuerda que todos podemos ser soles plenos de amor y conocimiento irradiando desde dentro hacia afuera precisamente porque dentro estamos llenos.




El sol es una bola de energía viva situada a la distancia perfecta de nosotros para dar vida a un planeta entero. Un poco más cerca  nos quemaría. Un poco más lejos y nos enfriaríamos. A eso lo llamo yo equilibrio. Una bola incandescentemente consciente situada en el lugar exacto, que te calienta dulcemente si te dejas o te quema si te confías, o mejor deberíamos decir, una presencia luminosa radiante de vida ante la cual te calientas o te quemas según te posiciones ante ella. Si no sabes cómo interactuar con ella el resultado puede ser fatal. A eso se le llama responsabilidad. Tu eliges donde y cómo te sitúas ante lo que te sucede en la vida, con todas las consecuencias. Siempre eres tú el que elige. Nada te hace o te ataca, tú eliges generarlo y exponerte a la experiencia, por eso creas la posibilidad. El sol brilla igual para todos, pero no todos obtienen el mismo beneficio. El sol es generoso porque en realidad brilla para sí. Se ama tanto que se llena de todo lo que es. Una vez lleno, irradia lo que le sobra, ese amor que puede repartir porque es feliz siendo él. El sol no genera adeptos fanáticos que lo sigan e imiten, en todo caso, siempre hay fanáticos que buscan en lo grande y bello un modelo al que adorar en lugar de aprovecharlo como el espejo perfecto para ver un potencial que vive en el corazón de cada ser vivo, de cada átomo, de cada parte de este universo fractal en el que vivimos. El sol no necesita que lo adoren. Es un modelo perfecto de capacidad de ser. El sol no trata de ser la luna o el viento, le basta con ser el sol, aquí y ahora. A eso vino. Nos emperramos en ser lo que no somos y a no dar valor a lo que ya traemos innato. Nos avergüenza ser nosotros mismos porque tememos el juicio y las consecuencias de lo que representa ser responsables y coherentes con lo que sentimos. El sol usa sus potenciales, todos ellos, sin importarle mucho lo que pienses tu o lo que piense yo, te lo garantizo. Él es el sol y hace de sol, dándose todo el amor que precisa, es decir, siendo él mismo sin vergüenza ni juicio, sin culpa. Que te quemas, pues te apartas o te cubres. Que deseas alimentarte de su sabiduría, él la reparte desde su plenitud absoluta. 



Muchos lo miran al despuntar el alba. A eso se le llama Sungazing. Se empapan por las mañanas o al atardecer de la información que irradia para crecer, para recordar lo poderosos que somos. Eso hacemos con el estado de presencia de los Maestros, empaparnos del recuerdo desde el cual nosotros también somos maestros. Para eso sirven los espejos, para verse y recordarse, no para darles el poder de ser algo separado de tí. La vida necesita del sol y el agua, el sol es información y el agua es emoción. El sol no da lo que no tiene o lo que él precisa para ser, el sol nos da lo que le sobra, y jamás es poco. Ese es el brillo que desprende de ser él mismo. Si hacemos como él, nos llaman egoístas. Eso trae mucha reflexión para el que sabe escuchar y observar como se maneja el amor en la vida, en el universo, más allá de morales humanas o romanticismos prefabricados que solo generan culpa y dolor. Si el sol nos diera lo que él necesita para ser el sol, no se amaría lo suficiente y jamás podría ser lo único que puede ser aquí y ahora: El sol. Ese sol que nos da la vida. Es tan saludablemente "egoista" que solo se ocupa en ser él. Lo que te da es lo que no necesita, lo que irradia al estar tan lleno de sí. Ese es el amor que se expresa en el universo. Primero me lleno yo de lo que necesito, porque si no me siento lleno de amor no puedo dar amor. Se que me repito pero esto me parece importante. Nos vendieron modelos que nos robaban el poder, de manera que nos avergonzamos de desear todas las bendiciones para nosotros y nos olvidamos de valorar y celebrar todos nuestros potenciales y dones. Tememos ser egocentristas si lo hacemos. Nos han confundido mucho.Cuando somos nosotros mismos y los demás nos ven brillar, tememos y sentimos que hacemos daño, que a muchos incomodamos. Ser "buenos" es reprimir entonces nuestros potenciales, es ser como esos modelos que se abandonan por los demás hasta morir crucificados. El bien y el mal, ya saben. Es "malo" y "egoista" pensar en uno mismo. ¿Quién dijo que Jesús murió crucificado? ¿Quién dijo que ese era el modelo y no otro Jesús, más cercano, más humano, más perfecto en su imperfección? Hay modelos más saludables que los que hemos heredado, creados por los que usan todo el poder que les hemos cedido para manipularnos a sus anchas ¿No ven que estamos generando una vida de esclavitud cuando aceptamos los programas que nos anclan al "no puedo", al "no tengo", al "no soy" o al "servicio de lo superior" como si nosotros no formáramos parte de ello?. Si crees en Jesús, proyéctalo amando en lugar de hacerlo sufriendo, si crees en la virgen, proyectala abrazando su sexualidad en lugar de reprimir al dios y a la diosa que vive en tu corazón, como si fuera una vergüenza ser mujer o ser un hombre. Yo no puedo dar amor si me siento vacío. Llénate de tí, te lo mereces todo. Date todo lo que necesites y con toda esa felicidad, alumbra al mundo sin esfuerzo. Cada uno es causa de su realidad, no te sientas culpable si otros se atrapan y no saben generar lo que tu si sabes. Brilla y los que deseen recordar lo harán a través de tu brillo y se activarán si lo desean. No eres el salvador del mundo ni de los demás. Cada vez que niegas tu potencial para no hacer sentir inferioridad en los demás alimentas precisamente esa inferioridad. Amate y deja que los demás se amen. Se nos disfrazó el amor de muchas cosas. Se nos dieron modelos como caminos únicos de perfección que solo generan en nosotros frustración y resignación. Nos da miedo ser nosotros mismos. Tanto miedo que creemos serlo perteneciendo a círculos o grupos radicales o alternativos, pero ser uno mismo es ser un sol, y de esos hay tantos como corazones. No olvides que el universo es fractal y la fractalidad necesita diversidad para crear vida. 



Somos uno y a un tiempo somos especiales como ese sol que se ocupa en ser él mismo. Cuando me sacio y me doy amor hasta sentirme pleno, lo que genero de más, desde mi alegría por ser feliz, desde mi exceso de energía, se repartirá por todas partes a mi paso, a tu paso. Ese dar es real porque no genera deuda, porque si es de corazón. Dar lo que se necesita o lo que no se tiene es no amarse a uno mismo, es generar culpa y deuda al igual que no saber recibir lo que la vida nos ofrece. Nos programaron para ser buenos y eso venía en el paquete de ser pobres, pequeños y dependientes. Nos dijeron que la carne era el pecado, que lo material no valía y que después del sufrimiento de esta vida podíamos abrazar una vida eterna. La vida eterna está aquí y ahora y el cielo vive en nosotros desde siempre. Estamos aquí y podemos encarnar ese cielo en nuestro día a día, precisamente en la materia, que es a lo que hemos venido, o no estaríamos aquí. Lo material es consecuencia directa de lo espiritual, es la densificación de nuestro espíritu experimentando vida. Lo material es tan sagrado como todo lo demás. Dejemos ya de separar y reunámonos como une el sol todo lo que és para vivir el momento presente desde el cual nos recuerda que somos como él, que podemos hacer como hace él. Para mi, el verdadero símbolo del Cristo es el sol, que se unge a sí mismo, eso significa la palabra en su etimología. Un ser que se erige y reconoce a sí mismo como divino y que no se avergüenza de ser. Un ser que está por encima de juicios y culpas, con el corazón abierto, dispuesto a usar todo lo que pueda expresar desde ese amor tan grande que siente desde la plenitud de saberse saciado de amor, de luz, de sueños. . Para mi, el dios y la diosa que todos somos es aquel o aquella que reconocemos cuando somos un sol, cuando somos nosotros mismos sin juicios, sin culpas, sin dar lo que no tenemos. Todos somos el Cristo. Ese es el verdadero mensaje. Si por ser tu alguien muere... es que él lo eligió y tu le ayudaste a cumplir su destino.


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