jueves, 20 de enero de 2011

ATLANTIS

 LA ATLÁNTIDA

Es la posible verdad de la famosa atlántida de platón. El griego filósofo que la describio y que tanto se ha buscado.

Tras la destrucción producida por la alteración de los polos y los cambios terrestres al final del último ciclo de veintiséis mil años, quedaron entonces menos de un mi­llón quinientos mil humanos en el planeta. Pueden pare­cer muchos, pero si tenéis en cuenta que se extendían por todo el planeta y que antes de ese momento la población terrestre se acercaba a dos mil millones de personas, el número de humanos supervivientes era pequeño.
Ya existía entonces la conciencia colectiva superior, aunque no se encontraba tan desarrollada en aquel tiem­po, y esta conciencia pidió que se establecieran escuelas mistéricas en el seno de cada grupo cultural del planeta. Todos en la Tierra tendrían la misma oportunidad de apren­der y crecer. A medida que renacían en la Tierra las almas jóvenes cuyos cuerpos habían muerto en los cambios te­rrestres y la población volvía a crecer, las prácticas y enseñanzas espirituales se consolidaron y las maneras de vivir se llenaron con la evolución y el despertar espiritua­les. Incluso hoy existen grupos indios americanos y ma­yas cuyo historial de prácticas espirituales se remonta aproximadamente a veinticinco mil años. No es casualidad. Los maestros pleyadianos, los de Sirio y los de An­drómeda tomaron cuerpo físico, contribuyendo así a orga­nizar varias civilizaciones, tales como las de Machu Picchu, Egipto e incluso la Atlántida. Lemuria había perdido la mayor parte de su masa terrestre y su población, pero los templos y enseñanzas de iniciación se mantuvieron a sal­vo en los territorios que quedaron en Hawai y el monte Shasta, en California.


En cada lugar se fundaron escuelas mistéricas, aunque la información y las prácticas eran a menudo coinciden­tes. La orden de Melquisedec y los Templos de Alorah se establecieron en la Atlántida. Aunque el uso de cristales, extendido en épocas anteriores, se había perdido, resurgió para la sanación y las comunicaciones multidimensionales. Thoth llevó la iniciación y conciencia solares a Egipto, junto con avanzadas técnicas espirituales como la telepor­tación, la telequinesia y el viaje a través de las dimensiones y más allá del tiempo y del espacio. Durante este período se construyó la Gran Pirámide con el propósito de recibir y transmitir códigos e iniciaciones solares para la gente de Egipto y el planeta entero. En todas las culturas se impartió la técnica de los sueños sagrados, evolucio­nando hacia prácticas chamánicas, sanación mediante el sueño y otros modos de viajar y comunicarse a través de las dimensiones.
Los pleyadianos y los seres de Sirio y Andrómeda, que enseñaban y contribuían en el establecimiento de las escuelas mistéricas, viajaban a menudo de una dimensión a otra. Muchos de ellos se especializaron en la materiali­zación y desmaterialización de su cuerpo de luz, actuando de intermediarios de los seres terrestres, las civilizaciones subterráneas y la multitud de naves de luz situadas alrede­dor del planeta en aquel tiempo. Mientras las almas jóve­nes y menos evolucionadas empezaban a reencarnarse hace alrededor de veinticinco mil años, los maestros de dimen­siones superiores continuaron su relación con los huma­nos durante otros doscientos cincuenta años a fin de cola­borar en la transición hacia civilizaciones de muchos ni­veles de evolución del alma y orígenes galácticos diferen­tes.
Algunos humanos apenas habían evolucionado, muy poco más allá del comportamiento instintivo y de supervi­vencia. Su próximo paso evolutivo era nacer de progenitores más evolucionados, contraer nupcias con seres más evolucionados y, de este modo, extender su nivel de conciencia. Muchos pleyadianos aceptaron la misión de ser guías permanentes de estas almas jóvenes en las primeras fases de esta mezcla; algunos pleyadianos incluso adopta­ron vidas humanas apareándose con humanos a fin de despejar las pautas genéticas y despertar el deseo urgente de evolución espiritual. A veces este proceso se denomina «siembra estelar».
Todo se hacía en respuesta a peticiones o acuerdos con la conciencia colectiva superior de los moradores de la Tierra. Los seres terrestres pidieron fundar sus propias escuelas mistéricas y de iniciación supradimensional tras su propia evolución, iluminación y permanencia en las dimensiones superiores que rodean la Tierra a fin de ayu­dar a los humanos. Los Grandes Hermanos Blancos exis­tían ya desde hace casi quince mil años, cuando se produ­jo un despertar simultáneo en grupo de más de mil huma­nos procedentes de varias culturas terrestres. Estos mil decidieron por unanimidad establecerse como Grandes Hermanos Blancos, una orden que entonces se llamaba De la Gran Luz Blanca, a fin de establecer las bases de la iluminación y trascendencia espirituales sobre la Tierra.
Algunos miembros de esta orden bodhisattva decidie­ron someterse a reencarnaciones periódicas en calidad de Maestros Ascendidos. Nacían físicamente de progenitores espirituales y solían recibir una nueva iluminación a los 21 años. En ese punto recordaban sus vidas pasadas, su ascensión y su propósito espiritual. Estos bodhisattvas reencarnados eran maestros excelentes y poderosos debi­do al hecho de que sentían con la gente de la Tierra una afinidad más natural que aquellos que no habían sido nunca humanos. Había veces en que estos maestros as­cendidos nacían -y aún nacen hoy- dentro de familias compuestas por almas jóvenes con varios grados de daño genético y pautas kármicas. Estos bodhisattvas aceptaron la responsabilidad de transformar, transmutar y trascender las energías inferiores a fin de crear «mapas» etéricos y de conciencia que otros pudieran seguir; han sido y son los adelantados evolutivos.
Las jerarquías aceptaron ampliar la orden de la Gran Luz Blanca para incluir en ella a humanos iluminados y ascendidos para desempeñar estos papeles: el Oficio del Cristo; Buda; la Orden de Merlín; puestos de Diosa como los de la Santa Madre ocupado ahora por Quan Yin y la Madre María; kachinas, maestros y guías locales. Antes del comienzo del ciclo actual de veintiséis mil años, los oficios supradimensionales, los guías, maestros y líderes espirituales planetarios habían sido sobre todo Seres de Luz de las Pléyades, Sirio y Andrómeda. Ahora la pobla­ción desarrollaba un número suficiente de sus propios se­res iluminados y ascendidos para establecer sus propios guías y escuelas mistéricas.
Al comienzo de este ciclo de veintiséis mil años tam­bién se pidió que, excepto en momentos cíclicos y evolu­tivos cruciales, la guía y las enseñanzas superiores vinie­ran de aquellos iluminados que se hubieran encarnado alguna vez en cuerpos humanos. La población de la Tierra debía evolucionar hasta el punto de ser capaz de comuni­carse por su cuenta con las dimensiones superiores y los sistemas solares. Fue entonces cuando aparecieron las en­señanzas Ka. Cada persona necesitaba comprender el modo de alcanzar las distintas metas espirituales para así llegar a constituir una raza de maestros en la Tierra. En sus ense­ñanzas los pleyadianos les hablaron de su Yo Superior, del Ka a través del cual podrían establecer contacto per­manente con el Yo Superior, las dimensiones superiores y los sistemas solares. Mediante una vida recta, la evolu­ción, la meditación, la oración y el dominio de la conciencia, podían lograr el alineamiento con su Yo Superior. Mediante el despertar del Ka Divino, podían fusionar el Yo Superior con el cuerpo físico, personificando así su presencia de Maestro Divino o Yo de Cristo. Habría un período que precedía a la iluminación plena durante el cual se completaba su transmutación genética como resul­tado del fluir de la energía Ka a través de los canales Ka y los circuitos menores para penetrar en su cuerpo astral y en el sistema nervioso, el sistema glandular y el sistema de meridianos eléctricos del cuerpo físico, tales como los utilizados en acupuntura y Shiatsu.
Durante los siguientes cinco mil doscientos años, va­rios miles de personas iniciadas en los Templos Ka de Egipto y de la Atlántida recibieron la iluminación y mu­chos de ellos alcanzaron el nivel siguiente, la conciencia de Cristo. Algunos decidieron permanecer en la Tierra, viviendo más de dos mil años en el mismo cuerpo a través del mantenimiento de los Canales Ka y las prácticas espi­rituales. Ese mismo período de cinco mil doscientos años también alumbró otros caminos hacia la iluminación que resultaron efectivos para los humanos más evolucionados del planeta que estuvieran dispuestos a emprenderlos.
Al final de esos cinco mil doscientos años se produjo un gran terremoto que destruyó la mayor parte de los templos de Lemuria y la mitad de la masa de tierra de la Atlántida. Aquellos miembros de la raza lemuria que se quedaron en la Tierra decidieron establecerse de nuevo en una cultura subterránea bajo el monte Shasta. Unos pocos lemurios se integraron en tribus indias americanas, ha­waianas y tibetanas, convirtiéndose posteriormente en ma­yas, incas y budistas. Estos antiguos seres de Lemuria ejercieron de líderes y maestros espirituales dentro de aquellas culturas. Los atlantes supervivientes contaban aún con número suficiente para continuar su cultura. En cali­dad de conciencia de grupo pidieron la reencarnación del ser cuyo nombre terrestre era Thoth para restablecer entre su gente las antiguas enseñanzas que habían perdido a causa de los terremotos. Thoth, que era miembro Ra de las Tribus Arcangélicas Pleyadianas, respondió a sus peti­ciones generando un cuerpo físico. Se convirtió en líder espiritual de la Atlántida.
Poco después de la llegada de Thoth a la Atlántida se produjo una gran brecha dentro del continuo espacio-tem­poral de la atmósfera terrestre durante el cual llegó a la Tierra un grupo de seres que venían de invadir Orión desde el sistema de Lira. Era Lucifer quien los guiaba, haciendo posible la creación de la brecha y la penetración posterior. Lo consiguieron mediante unas transmisiones intensas de alta frecuencia desde el exterior del anillo solar hasta la atmósfera terrestre, seguidas del paso inme­diato de una nave a través de la brecha así creada. Los seres de Orion o liranos, con la ayuda de Lucifer, domina­ban la técnica del viaje que prescindía del tiempo y el espacio, mediante el cual podían proyectarse a través de la brecha transcurridos pocos segundos a partir de su crea­ción sin que nada pudiera detenerlos. El momento de su contacto con la Tierra era inevitable debido a las conexio­nes kármicas entre los liranos, Lucifer y algunos humanos de la Tierra. Tal como lo tenían previsto, aterrizaron en la Atlántida, porque era el lugar que mejor serviría a su propósito. Comenzaron inmediatamente a adoctrinar a los atlantes con su conocimiento y tecnología «superiores». Los atlantes se enorgullecían de ser en ese momento la raza más evolucionada de la Tierra y siempre buscaban extender su dominio a nuevas áreas. Los liranos los mani­pularon prometiéndoles poder, tecnología e influencia ili­mitados y demostrándoles la «superioridad» lirana a tra­vés de la tecnología, el control psíquico y la inteligencia. Prometieron transmitir esa capacidad a los atlantes si aco­gían en su seno a los liranos y les permitían integrarse en su cultura. Muchos atlantes desconfiaron de los liranos desde el principio y percibieron la trampa espiritual que se les tendía. Otros, más crédulos y hambrientos de poder y supremacía, acogieron abiertamente a los liranos.
Durante los diez mil años siguientes, la Atlántida que­dó dividida en dos grupos de población distintos: uno, que incluía a los liranos y destacaba tecnológicamente, y aquel que conservó la pureza y dedicación espirituales. Los Templos de Melquisedec sufrieron la proliferación y la influencia de los invasores controladores y manipula­dores. Se formó un grupo llamado los Túnicas Grises, después llamado los Túnicas Negras. Se centraron en el desarrollo del poder psíquico y la magia negra. Algunos sacerdotes de Melquisedec conservaron la pureza, pero no fue así para la mayoría. En aquel tiempo existían en la Atlántida los Templos de Alorah, que albergaban órdenes de sacerdotisas de la Diosa, cuyas enseñanzas venían de la novena dimensión a través de un orden jerárquico llama­do el Consejo de los Nueve. Estas enseñanzas escaparon a la subversión de los liranos y Lucifer. Las sacerdotisas, desafiantes, desaconsejaron abiertamente toda relación con los Hermanos Oscuros, como también se los denominaba. En principio, los atlantes que deseaban practicar las artes de la magia y la alquimia recibían primero una formación espiritual para que aprendieran el uso recto de los pode­res. Sin embargo, el protocolo espiritual acabó diluyéndo­se y se extendió el estudio del poder psíquico y la magia negra. Lucifer siempre permanecía invisible, aunque cons­tituía una importante influencia subconsciente. Controla­ba a los Hermanos Oscuros de Lira y era capaz de poseer el cuerpo de Hermanos Oscuros en cualquier momento para comunicarse con ellos o con otros atlantes a través de ellos. Lucifer utilizaba a menudo este medio de llegar a la gente. Su propósito era minar la confianza de los atlantes en las fuerzas de la luz que gobernaban el planeta y el ani­llo solar; en último término, esperaba hacerse con el con­trol en calidad de Ser Supremo de la Tierra.
Lucifer y los Hermanos Oscuros se introdujeron en la conciencia de muchos varones terrestres, vulnerables al control psíquico debido a su propio deseo oculto de control y dominación, en especial sobre las mujeres. Se creó un plano astral subterráneo, así como una serie de mora­das y terrenos ceremoniales subterráneos donde la conciencia colectiva inferior de los Hermanos Oscuros esta­bleció su territorio, enviando ondas de energía y mensajes Subliminales que, atravesando la Tierra, llegaban al mun­do de superficie. Esta conciencia colectiva era, y aún es, lo que llamáis «Satán». Fue creada mediante la fusión de conciencias inferiores de los Hermanos Oscuros. Esta fuerza satánica tiene la capacidad de operar como si fuera una gran entidad única. Cuanto más crecía esta conciencia colectiva y mayores eran la supremacía y el control que imponían sobre la Diosa, la Tierra, vuestro anillo solar y la Divinidad, más poder tenía esta fuerza oscura para generar su propio crecimiento continuo. La polariza­ción de la oscuridad y la luz se hizo rápidamente más intensa en la Tierra al recibir la mente subconsciente de los humanos el bombardeo de imágenes y pensamientos negativos de desconfianza en Dios y en el Plan Divino, la inferioridad de las mujeres y la superioridad del ámbito mental sobre los ámbitos emocional y espiritual.
Tecnología y magia negra crecieron hasta alcanzar pro­porciones jamás vistas sobre la Tierra. Los templos de Luz fueron cada vez más el lugar de las mujeres, mientras que los templos de Oscuridad fueron cada vez más el lugar de los varones. Naturalmente, esta división no era absoluta, pero era cierta en términos generales. Hacia el fin de la era Atlante diez mil años tras la llegada de Lucifer y los liranos- el caos y el miedo corrían libres por esa civilización. La competencia por el control y la supremacía era la actitud general en la Atlántida, e incluso en el seno de los Templos de Alorah prevalecían el miedo y el secreto.
Antes del fin de la Atlántida se dio aviso a los jefes de las órdenes y templos que aún poseían la Luz, aconse­jándoseles dispersar sus enseñanzas por el globo. Pasaría mucho tiempo antes de que la totalidad del conocimiento superior pudiera concentrarse en un solo lugar debido a la influencia satánica sobre las mentes de la Tierra. Aban­donaron la Atlántida pequeños grupos de personas forma­das en todas las áreas del desarrollo espiritual. Se llevaron consigo muchos cristales que contenían información pro­cedente de los Anales Acásicos, canalizada y programada en ellos por el Consejo de la Verdad. Uno de los cristales que se llevaron a Grecia las grandes sacerdotisas de los templos de Alorah fue tallado con la forma del cráneo de Thoth, ser que había dejado la Atlántida hacía casi nueve mil años. El cráneo de cristal quedó enterrado bajo el templo del Oráculo de Delfos          fundado por este grupo de sacerdotisas- y sirvió para proteger el templo de los mensajes subliminales oscuros y las ondas de energía pro­cedentes de puntos situados bajo la superficie de la Tierra. ya que este templo no podía recibir contaminación psí­quica, los Hermanos Oscuros, bajo el nombre de «Guerre­ros de Zeus», acabaron encerrando y matando a las sacer­dotisas, reclamando el templo para el patriarca de sus dioses.
Otros grupos se llevaron cristales y enseñanzas a Amé­rica Central, Europa Occidental, el Himalaya, el Sur de África, Asia Oriental, Australia, Sudamérica y Egipto. (Las tribus indígenas del norte de América se encontraban en­tonces en una fase evolutiva singular y la infiltración de los atlantes era inadecuada.) El grupo más numeroso, com­puesto de hombres y mujeres, marchó a Egipto siguiendo las instrucciones del Consejo de los Nueve. Todos los grupos contaban con personas intensamente dedicadas a preservar la verdad divina que es Luz y pasaron el resto de su vida estableciendo templos y enseñanzas iniciáticas en las distintas regiones. El hecho de que el mayor asenta­miento tuviera lugar en Egipto se debió principalmente a la existencia de la Gran Pirámide; siempre había conteni­do, y aún contiene hoy día, las vibraciones de la verdad divina y el código evolutivo solar.
Se construyeron después muchas pirámides en Egipto, así como en otros lugares. Debían ser construidas sobre grandes cristales que contenían Anales Acásicos, coloca­dos en varias formas geométricas que retendrían la luz e impedirían la entrada de vibraciones de densidad inferior. Los liranos y sus esclavos habían construido varias pirámides en la Atlántida con el propósito de distorsionar y controlar los códigos del Sol. Pero todas ellas se hundie­ron bajo el Océano Atlántico o estallaron cuando la Atlántida quedó destruida.
La destrucción final de la Atlántida fue causada princi­palmente por una transmisión subterránea de ondas de sonido tan intenso que creó una explosión sónica bajo la superficie terrestre. Su intención era deshacer las pautas de frecuencia superior de luz de los templos sagrados que aún permanecían de pie e inundar estos templos con las energías de la magia negra y el control satánico de los Hermanos Oscuros. En lugar de ello, la explosión sónica fue tan poderosa que rebotó hacia su propia fuente, rever­berando en los centros de energía nuclear y cristalina que alimentaban el generador de sonido. Esto provocó una gran explosión, seguida de una reacción en cadena en otros generadores subterráneos de energía que acabó cau­sando terremotos como nunca habían ocurrido en la Tie­rra. (Y que desde entonces no han vuelto a ocurrir.) Mu­chas de las pirámides estallaron literalmente en pedazos, mientras que otras permanecieron intactas. Los grandes cambios terrestres continuaron durante dos meses más hasta que el último trozo de la Atlántida acabó descansan­do en el fondo del mar.
Para entonces, aquellos que se habían marchado con el fin de restablecer el orden espiritual en otros puntos, estaban fuera de peligro y consiguieron alcanzar su destino. Unos pocos grupos de los que intentaron la marcha no estaban lo bastante lejos y fueron barridos por olas gigan­tescas provocadas por las explosiones. Esta destrucción final de la Atlántida tuvo lugar hace unos diez mil cuatro­cientos años.
Lucifer reunió a los liranos en los planos astrales y comenzó a planear su próximo paso. Los liranos decidie­ron permanecer en los planos astrales dentro de la atmósfera terrestre y en los ámbitos satánicos subterráneos para aumentar su influencia sobre la mente subconsciente de los terrestres. Como resultado, las guerras tribales y los conflictos territoriales comenzaron a darse cada vez más a menudo en vuestro planeta. Muchos pueblos indígenas, entre ellos indios americanos, africanos, europeos y de América Central y del Sur se dividieron en tribus que en el pasado formaron parte de una extensa hermandad. Las luchas por la Tierra, las disputas sobre los derechos del agua y los minerales, las diferencias espirituales y una desconfianza inexplicable se convirtieron en razones para el movimiento de segregación. En otras zonas la llegada de los atlantes espirituales acercó más a las personas, y la evolución de estas culturas se aceleró. Los mensajes sub­liminales de la supremacía del patriarcado se introducían cada vez más en el ámbito subconsciente, pero algunos grupos fueron capaces, con la ayuda de los atlantes o de sus propios líderes espirituales evolucionados, de resistir las presiones y mentiras presentadas por las formas de pensamiento psíquicas negativas. Se crearon estructuras como la de Stonehenge y ruedas medicinales para detener las energías astrales negativas y crear espacios seguros en los que poder celebrar ceremonias y otras reuniones.
Durante casi cinco mil años prosperaron los templos de la Diosa en muchas de las nuevas tierras atlantes. Los templos de varones y mujeres ofrecían y guardaban por igual las enseñanzas sagradas de Melquisedec, Thoth y Alorah; también extendían sus enseñanzas a la inclusión de los arquetipos divinos y prácticas espirituales locales. Las enseñanzas sobre los papeles masculino y femenino, la iniciación espiritual, los templos Ka y las prácticas de sanación y evolución espirituales crecieron en Egipto, Gre­cia y partes de América Central y del Sur. No todas las tribus en otros lugares quedaron afectadas por la polución astral; algunas permanecieron puras y humildes. Pero una polarización de la luz y la oscuridad iba creciendo.
Hace unos cinco mil años los liranos y sus compañe­ros, convertidos en Hermanos Oscuros, empezaron a reen­carnarse en varios puntos del mundo. Su objetivo principal era introducirse en las áreas ocupadas por las culturas más avanzadas espiritualmente y provocar guerra y des­trucción contra ellas. Aunque este hecho tuvo lugar poco a poco, el planeta sufrió muchas alteraciones en las fuer­zas que lo gobernaban. Se sucedieron ciclos de luz y oscuridad en Egipto, Grecia, Europa y América Central.
Los Hermanos Oscuros mataron, destruyeron, violaron y establecieron su mando; después, las fuerzas de Luz se rebelaban y los derrocaban. Este ciclo se sucedió repetida­mente.
La Tierra en conjunto siempre se ha mantenido alinea­da con la Luz, el Ser Supremo -también llamado espíritu del Ser Uno- y el Consejo Superior de los Doce. Sin embargo, la población terrestre ha sufrido muchos cam­bios con respecto al equilibrio de poder. Es curioso seña­lar que la mayoría de la población terrestre siempre ha creído en el amor y la bondad, pero han sido débiles e ineficaces contra la intimidación por parte de fuerzas gu­bernamentales y religiosas que operan buscando el con­trol. La población terrestre en su mayor parte se ha senti­do incapaz, durante mucho tiempo, de influir sobre las clases dominantes; ésta es la paradoja terrestre más gran­de. Una razón para el miedo y la impotencia es el control astral que Lucifer, los liranos y los Nibiruanos o Anunnaki ejercen sobre la cuarta y quinta dimensiones.

[Nota de la autora: esto se explica en profundidad en el libro de Bárbara Hand Clow, El Plan Pleyadiano].

Lo que es importante que sepáis en este momento es que tenéis el poder y la capacidad de liberaros del control psíquico de estos seres astrales. La información y los procedimientos descritos en este manual os guiarán y os ayu­darán a este fin.
Cuando ciertos grupos se establecieron en la Tierra hace unos ciento cincuenta mil años, se celebró una gran reunión de la conciencia colectiva incluyendo a los pleyadianos, los andromedanos, los guías etéricos y los rei­nos dévicos. Se decidió la creación de una estructura je­rárquica que permitiera albergar tanta confianza y seguri­dad como fuera posible. La razón de esto se ha de buscar en experiencias pasadas entre los recién llegados a la Tie­rra, incluyendo la traición de miembros de ámbitos supe­riores y una duda sobre el propio potencial profundamen­te asentada. La duda fue lo que impulsó principalmente al grupo a exigir un liderazgo. Los nuevos moradores de la Tierra no confiaban en sus propias decisiones ni en su soberanía. Las jerarquías respondieron a la petición acor­dando que, cuando llegara el momento de designar a un Ser Supremo para vuestro planeta, existiría a su vez una estructura descendente de autoridad espiritual con el po­der de anular cualquier decisión tomada por el Ser Supre­mo. La estructura más inmediata bajo el Ser Supremo sería el Consejo Superior de los Doce. Éste se compon­dría de cuatro delegados de las Pléyades, cuatro de Sirio y cuatro de la vecina galaxia de Andrómeda. Todos los miembros serían Seres de Luz altamente evolucionados. Si el Consejo Superior de los Doce no estaba de acuerdo por unanimidad con una orden del Ser Supremo, la deci­sión en cuestión quedaría anulada. De este modo, la po­blación de la Tierra sabría, al menos inconscientemente, que era imposible la corrupción en el seno de la jerarquía espiritual. La estructura del Consejo Superior contaría in­cluso con un doble sistema de seguridad: al menos dos miembros de origen distinto serían responsables de cada área de autoridad en el ámbito inmediatamente inferior. Por ejemplo, en el área de dar instrucciones y supervisar el trabajo de los Ángeles Sanadores, un pleyadiano y un andromedano tendrían las mismas responsabilidades y nin­guno de ellos podría hacer nada sin el consentimiento del otro. Este tipo de estructura aún existe en todos los oficios y grupos de las dimensiones superiores.
La creencia planetaria en la necesidad de que las auto­ridades gobiernen y tomen las decisiones importantes por vosotros debe ser despejada. Estáis listos para convertiros en seres soberanos con responsabilidad plena. La exis­tencia de tanta corrupción en los gobiernos es producto de la falta de confianza en uno mismo y en los demás que aún existe en la Tierra. A medida que se desarrolle la Era de Luz, también llamada la Era de la Iluminación, más importancia tendrá cada vez la necesidad de poner fin a los sistemas patriarcales de gobierno y a devolver el poder real al pueblo. Aquellos que no sean capaces de aceptar esta responsabilidad sin dañar a los demás no serán una amenaza en el seno de un proceso de toma colectiva de decisiones. Aquellos que presidan las sesiones no serán elegidos. Los papeles de moderador, comunicador y cual­quier otro que haga falta, rotarán entre los miembros dis­puestos a cumplir esas funciones. De este modo, ni una persona ni un pequeño grupo podrá ganar autoridad sobre los demás.

[Nota de la autora: En La Quinta Cosa Sagrada, de Starhawk se ofrece un modelo utópico maravilloso que es de verdad «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo»].

Lo que hace falta en este momento es que la población terrestre encuentre la valentía espiritual para exigir lo que quiere. Naturalmente, muchos ciudadanos terrestres de buena voluntad han caído en la maraña que supone la lucha por la supervivencia y han olvidado los ideales espirituales. Sin embargo, la mayoría de los humanos com­prenden la moral básica y desean amor. Esto da en este momento a la Tierra una oportunidad tremenda para un gran salto espiritual. La conciencia colectiva superior de todos los seres humanos de la Tierra ha pedido la oportu­nidad de producir algo que nunca se ha dado antes: la ascensión planetaria. Si esto se da, la Tierra y toda su gente avanzarán juntos hacia la conciencia de la cuarta y la quinta dimensiones, separando su conciencia comple­tamente de los planos astrales de control satánico. El con­trol actual y continuado de las fuerzas destructivas se basa y se sustenta en dos cosas: 1) la supremacía ilusoria del odio y el miedo sobre el amor, y 2) la creencia de que la Oscuridad es más poderosa que la Luz. Si para el 2013 la población que quede en la Tierra es capaz de eliminar estas dos creencias y reconocer y aceptar los cuatro prin­cipios espirituales mencionados antes, este planeta será el primero que logre este salto espiritual.
A fin de que haya esperanzas para que ocurra este gran hecho, entre hoy y el 2013 un mínimo de -pero no limitado a     ciento cuarenta y cuatro mil humanos deben recibir iluminación y encarnarse en la conciencia de Cristo. Cuando se alcance este punto crítico de seres cuyo espíri­tu ha despertado, se producirá la «Segunda Llegada de Cristo en masa». En ese punto se producirá el «efecto del centésimo mono»: una onda vibratoria de energía ilumi­nadora avanzará por el planeta entero y su población, erradicando las formas de pensamiento y ámbitos astrales inferiores, disolviendo los velos que separan a los huma­nos de experimentar interiormente la esencia y la verdad divinas. La población entera de la Tierra sentirá esta ola de iluminación que empapará toda la existencia del plane­ta. En ese momento se activará la iluminación planetaria y el propósito, inherente al alma, de la evolución espiritual. Si los liranos, los annunaki, Lucifer, los Hermanos Oscu­ros y los humanos que se han alineado con la Oscuridad eligen rendirse espiritualmente en ese momento, se unirán a la ascensión planetaria y quedarán libres del pasado. Quienes no escojan la luz experimentarán la destrucción del planeta y se encontrarán a sí mismos en una especie de centro galáctico de recuperación. Se les dará la oportuni­dad de evolución y alineamiento divino, pero sin obligar­los. Si piden ser libres para explorar la Oscuridad después de cierto tiempo, serán enviados a otra galaxia en la cual aún sea posible esa opción.
Incluso si algo extremo como una explosión planetaria ocurriera en ese momento, los ciento cuarenta y cuatro mil o más Seres de Cristo se limitarían a entrar en sus cuerpos de ascensión, llevándose con ellos a los demás recién despertados de la Tierra. Cuando se alcance el punto crítico de ciento cuarenta y cuatro mil el efecto de estos Seres de Cristo en la población será tan intenso que cada uno de ellos tendrá la capacidad de elevar a otros ciento cuarenta y cuatro mil humanos a los planos supe­riores de la conciencia. En otras palabras, los ciento cua­renta y cuatro mil Seres de Cristo crearán un salto cuantitativo para veinte mil setecientos treinta y seis millones de humanos. El velo oscuro, o la «red», como se la ha llama­do, que rodea la alta atmósfera terrestre, se disolverá. Esto permitirá a los códigos galácticos impulsar plenamente a la Tierra a través del Sol. No quedará ningún plano astral inferior y todos tendrán una experiencia de «luz blanca» o shaktiput, después de la cual se encontrarán en una Tierra nueva que sea más bella y más limpia que aquella que dejaron. Estarán en la Tierra, pero en la cuarta dimen­sión. Quienes ya ascendieron en vidas anteriores avanza­rán directamente a la quinta dimensión o incluso a otra superior.
Las escuelas de formación ya estarán preparadas para acoger a estos nuevos seres espirituales que se vuelvan tetradimensionales. Estos seres conocerán sus propias creaciones del pasado, el origen de su alma y sus objetivos, así como las enseñanzas espirituales apropiadas para ese ni­vel de evolución. Un período de gracia de mil años envol­verá a la Tierra, durante el cual prevalecerá la paz y una preocupación por la evolución espiritual. En otras pala­bras, las escuelas mistéricas serán el centro de toda acti­vidad durante esos mil años. Al final de ese tiempo, la Tierra asumirá oficialmente el papel galáctico de hogar de las Ciudades de Luz y escuela mistérica de otros planetas tridimensionales.
Os convertiréis en guardianes y maestros de formas de vida tridimensionales, así como nosotros, los pleyadianos, lo hemos sido para vosotros. Si tenéis éxito, en lo cual creemos, emanará de la galaxia entera una ola gigante de amor y alegría a partir de la unión de la conciencia colec­tiva superior con la conciencia de la tercera dimensión y de la cuarta. Esta ola de iluminación transmutará instantá­neamente en luz pura el karma y las energías astrales in­feriores que queden en vuestro anillo solar, a la vez que la ola de iluminación planetaria actuará sobre la Tierra y su población. El poder de esta ola se dejará sentir e influirá sobre la galaxia entera y toda la existencia. ¿Por qué?
La posición de esta galaxia en relación con el Gran Sol Central de Todo lo Que Es acaba de sufrir un cambio de ciclo, como ya se ha dicho. El nombre evolutivo de este nuevo ciclo galáctico es «La Espiral Evolutiva del Dominio». Cada anillo solar de esta galaxia debe subir al paradigma evolutivo inmediatamente superior. Para la Tie­rra y vuestro anillo solar, ese paso es convertirse en hogar de las Ciudades de Luz compuestas de Seres de Luz que hayan experimentado específicamente encarnaciones físicas y alcanzado la iluminación. Al final de los mil años de paz, os convertiréis exclusivamente en una raza de Seres de Cristo.
Los Ejercicios Pleyadianos de Luz, especialmente el aspecto relativo al Ka, son uno de los caminos hacia la sanación y el despertar que nosotros, los pleyadianos, os ofrecemos en este momento. Es esencial que despejéis los Canales Ka y la Plantilla Ka de residuos kármicos y ener­gías bloqueadas a fin de permitir que vuestro Yo Crístico se ancle en el ámbito físico a través del cuerpo físico. Es­táis entre los ciento cuarenta y cuatro mil o más que traerán la Era de la Iluminación, la Era de la Luz, la Edad de Oro o la Nueva Era sobre la Tierra. Los contenidos presentados en este manual os ayudarán en esa transición para que estéis disponibles y seáis permeables a las fre­cuencias superiores del Ka y, por lo tanto, al Cuerpo de Cristo o Presencia del Maestro.
Tenemos fe en vosotros y en la conciencia superior de vuestro planeta. Aunque el futuro se presenta bueno, no dejéis que la pereza, la resistencia o la arrogancia detengan vuestro proceso de ascensión. Mientras cum­pláis con vuestro papel y estéis dispuestos a convertiros en lo mejor que seáis capaces de ser, estaremos allí ayu­dándoos en cualquier modo que creamos apropiado. Sin embargo, nunca usurparemos vuestro propio aprendizaje y crecimiento. Estáis aquí para convertiros en Maestros, no en inválidos que precisen ser rescatados. Que nadie os diga que os harán el trabajo o que os salvarán. Es hora de que os salvéis a vosotros mismos a través de una sanación persistente y dedicada, el crecimiento y un despertar espiritual continuo. Con decisión y determinación, todo lo divino es posible.

Opinión

1 comentarios:

muy interesante, gracias por compartirlo

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